anhelo
22/03/2005
ser suficiente cercano
para leer tus sueños
en tus pupilas cuando
me miren
estar tan cerca
que pueda notar
tu pena
antes de que
te llegue al alma
19/03/2005
tormenta de anhelos
tempestad de sueños
diluvio de pensamientos
oceano de deseos
mar de dudas
estrellas fugaces
que iluminan
tus más anhelados sueños
17/03/2005
16/03/2005
me gustaría tener una bicicleta y darme paseos por el Retiro!!
15/03/2005
Casi siempre me levanto bastante temprano. Me gusta tomar delantera al bullicio del mundo. Cierto es que al jardín apenas llegan los ruidos mundanos. Me gusta desayunar en el jardín con el olor de los frutales, de los cactus y del mar.
11/03/2005
La muerte es lo único que tenemos seguro todos los animales que habitamos el planeta. Mi anhelo de hoy es perder el miedo a esa puerta sombría, a ese final del camino o a ese reencuentro con el equilibrio del universo. Supongo que perder el miedo es lo mismo que estar preparado, que tener las cosas recogidas y la maleta preparada para si en cualquier momento hay que salir de viaje. Tener las despedidas adelantadas, los agradecimientos realizados, los besos repartidos,...
No me quiero morir, aunque sí que quiero repartir besos...
10/03/2005
un niño
siempre un niño
inocencia infinita
mirada pura
09/03/2005
una casita a la orilla de la playa
08/03/2005
Un mundo donde no existan diferencias entre unos y otros. No existan diferencias por motivo del color de la piel, del género, del lugar de nacimiento o de residencia. Un mundo donde nadie tenga más que nadie, donde nadie sea más que nadie.
07/03/2005
Toda la vida se la había pasado de aquí para allá. Si, podría ser lo que llaman por ahí un culo de mal asiento. Siempre llegaba, se establecía, aguantaba un tiempo y se iba. Nunca le dio pena irse. Pensaba que la vida era como una escalinata que cada uno debe de subir a su ritmo y que una vez posado el pie en un escalón no cabe la vuelta atrás. No es posible rectificar y desear no subir ese escalón porque la duda en ese momento puede convertirse en un traspiés. Pero cada escalón era diferente. Cada cual tenía su forma y su color como si de una escalera multicolor y multi-forme se tratase. A veces llegaba a una gran ciudad y se establecía en el centro, en la zona más bohemia. Buscaba un ático pequeño con una gran terraza donde pudiese sentarse y respirar el bullicio los días de buen tiempo. Otras veces le tocaba en suerte un escalón más tranquilo y el destino le empujaba a un pueblecito de la costa. Alquilaba una casita tranquila, alejada de todo y de todos. Una de esas casitas que no quieren saber nada del resto. Es como si estuviesen enfurruñadas por algún motivo. No sólo por el hecho de estar alejadas y de no querer mezclarse con la barriada y el bullicio de las calles y la gente que pasa, sino también porque suelen tener su fachada de espaldas al pueblo, como en un gesto de soberbia e indiferencia. Como si ellas se pensasen mejor que el resto, o simplemente como si quisiesen tener su propio espacio, como si no les molestase pertenecer a un todo pero exigiendo una identidad, una vida propia. Esas eran las casas que normalmente le gustaban. Siempre tenían la fachada y el jardín de espaldas a todo. Y no sólo de espaldas al pueblo, sino también de espaldas a la vida.